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PÁGINAS OFICIALES de la Real
Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder en su Tercera Caída y María
Santísima de la Amargura
Diseño y Realización
Pedro Alcántara Campos
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Era difícil... Sí que era difícil.
Después de ese Jueves Santo de 2009, grandioso, espectacular y...,
premiado, había mucha expectación, como pudimos ver por las calles
veleñas. Y, un año más, se hizo el milagro. Las manos de Antonio Peláez,
iluminadas seguramente por la Virgen, obraron una vez más el milagro de
sacarla bellísima, más bellísima que nunca si cabe. Pero hubo más
manos... Tenemos que comentar el exorno floral, cada flor de María
Santísima colocada con mimo por José María López, que se supera a sí
mismo, innovando en formas y diseños. Porque si hablamos de Amargura,
nos vienen olores a rosas y a orquídeas, a barco navegando en un mar de
pétalos y cera. Y el Gran Poder, con las pinceladas rojas y moradas
llenas de aromas, puestas con todo el cariño por nuestro hermano Pepe
Ruiz, que no se quiso conformar con terminar ese espléndido Estandarte
Mayor que lucimos por primera vez.
Pero aún había más: La Guardia Civil,
hermana de la Cofradía, vino con gran representación a rendir honores a
Cristo Caído y su Madre de manto rojo, y tras imponérseles la medalla,
se hizo el silencio en la noche mientras saludaban firmes frente a las
Sagradas Imágenes, un silencio roto por las notas del toque de oración
de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo del Mar. Y
cuando la emoción nos embargaba a todos, rodeados de miles de veleños y
vecinos de la Axarquía venidos al Paseo Nuevo, y parecía que no cabía
más gozo..., aún la noche nos deparaba una sorpresa más en la salida:
Don Jesús, su Excelencia Reverendísima, el señor obispo de Málaga vino a
visitarnos a pie de campana del Gran Poder. Y quiso ser en la noche del
Jueves Santo un cristiano más, viendo la representación de la Pasión de
Nuestro Señor en la calle. Con humildad nos invitó a orar y le
acompañamos. Con sencillez dio los primeros toques de campana y, todos a
una, los horquilleros levantaron a Nuestro Jesús Caído, Poderoso y
Veleño.
Y arranca una nueva procesión, un año
más, una vez más, para los que estamos y podemos disfrutarla, con el
recuerdo de los que ya no nos acompañan. Cubriendo las calles, un mar de
penitentes y velas, Cruz guía, estandartes con el Vía Crucis de Jurado
Lorca, mazas, bocinas, bordados en oro, barroco en las calles, y el
nuevo Estandarte Mayor liderando los enseres, joya salida de las
puntadas de Bordados La Concepción de Vélez Málaga, sobre un diseño del
malagueño Fernando Prini. En la presidencia, una vez
más protagonista la mujer: más de 40 mantillas, amadrinando a María.
Bien escoltadas
por
un total de 20 Guardias Civiles, mandos, oficiales y suboficiales. El
Hospital de la Axarquía vino representado por Dª Luisa Díaz Chicano, del
Servicio de Atención al Ciudadano, que en calle Coronada se arrancó en
saeta desgarrada desde un balcón, y también quiso acompañarnos D. Jesús
Oliver Mariblanca, de la Junta de Enfermería, que quedó tan impactado el
año anterior que volvió a desfilar con nosotros. Representantes de
Pollinica y Sentencia, junto a antiguos horquilleros y hermanos, y
responsables de la Junta de Gobierno, completaban tan nutrido
acompañamiento. Como anécdota emotiva hay que contar que procesionó el
cetro de nuestro desaparecido hermano Pepito Sarmiento, q. e. p. d., su
nieta, como homenaje a él.
De nuevo majestuosa e interminable
subida de calle Sevilla del Cristo, que se levantó en la puerta del
colegio San José y se detuvo, tras tres marchas consecutivas, al inicio
de calle Las Tiendas, sin que el ritmo cambiara, sin que nadie se
moviera inadecuadamente, en mecida templada, lenta, muy lenta, notando
como les llegaba hasta dentro "el Gran Poder", desde arriba. Y los
horquilleros de la Virgen, cantando el Avemaría a los sones de
"Encarnación coronada", Sintiéndola sobre sus hombros y dentro de sus
corazones, 200 hombres y un solo hombre, 200 voces y una sola voz. Para
Pasarla luego, sobre sus brazos, Acunándola entre balcones que rozan las
macollas, las bambalinas del palio, las tulipas de los arbotantes, en
silencio toda la calle, solo se oyen breves órdenes de los capataces,
que apenas se necesitan, pues esos hombres no pueden permitir que pase
nada al trono de la Madre.
San Juan de Dios se rindió de nuevo ante los
Reyes del Pilar, ni las obras del Hospital pudieron apagar las bengalas, ni
mucho menos el brillo en los ojos de las miles de personas que se concentraban
allí, que rayando la metafísica parece que ensanchan la plaza para que quepan
tronos, bandas, mantillas, penitentes, escoltas, presidencia, los vecinos de la
Cruz y el Vélez cofrade. ¡Qué añoranza ver al Gran Poder y la Amargura desde su
Casa Hermandad salir en procesión, desde su "sitio natural"! Y volver... Salir y
volver, a Su casa, a Su barrio y a Su gente. Así sea con la ayuda de Dios.
La seriedad en el paso por Tribuna de
los pobres y por la Tribuna Principal, marcan "la mayoría de edad"
adquirida por los hermanos horquilleros de túnicas blancas con vivo rojo
y morado, morado y rojo, bravos, gallardos, orgullosos, sentidos, que no
imaginan un Jueves Santo sin mostrar al pueblo, sobre sus hombros
fuertes, a su Cristo y su Virgen, a los Inquilinos de
Honor de la capilla del hospital de San Marcos. El trono del Hombre,
en suave y lenta mecida, marcada por las notas amorosas de nuestra banda
hermana del Cristo del Mar, y la Madre sobre pechos que le rezan
cantando, acompañados por la banda de música de Benamocarra, Canillas de
Aceituno y Alcaucín.
Y llegó el encierro, ese final y ese
principio, como Cristo que cae y se levanta de nuevo, se nos va la
procesión de 2010 y arrancamos los preparativos de 2011: Una sóla
campana suena, una sola voz, dos moles que se levantan desde el suelo al
cielo, ¡A pulso! Se repitieron los "Guapa, Guapa, Guapa", los vítores,
las marchas a los Titulares, con los hombres enlazando sus manos, los
dos tronos a una, los más de 360 hombres transformados en cajillo vivo
que mece al unísono a Cristo y Su Madre, todos quieren fundirse en uno
solo. Una voz rotunda desgarra la noche en una saeta al Cristo, y luego
a la Virgen: Miguel Ángel Fernández le pone voz al corazón de nuestro
hermano Salvador Conde, que fluye por su pluma, haciéndonos sentir a
todos un pellizco, un calambre que nos recorre el cuerpo, algo que hay
que vivir, que no se puede describir con palabras. Piernas, espaldas, hombros, erguidos y sudorosos, nadie cede, un
poco más, mecedlos un poco más, de nuevo al cielo...
Que Jesús del Gran Poder y María
Santísima de la Amargura nos guarden un año más, y nos concedan el deseo
de verlos de nuevo por las calles de Vélez.
Texto: Pedro Alcántara Campos |
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